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Historia de las texturas cosméticas

Estética | 06 mayo 2016

Los últimos avances científicos en nanotecnología cosmética confirman la capacidad de transportar nuevos micro activos hasta el corazón de la célula, superando con creces cualquier expectativa anterior.

Si revolucionarios han sido estos avances en cuanto a la efectividad de sus  fórmulas, no lo son menos en la sutileza y sofisticación de las nuevas texturas cosméticas que los transportan.

Realmente, si la textura no es acorde al confort y gusto especifico del cliente o si la sensación al tacto no es capaz de desencadenar estímulos agradables, este cosmético nunca alcanzará el éxito, por efectivos que sean los avanzados principios activos de su fórmula.

Por ello, he querido dedicar un post a la evolución de las texturas cosméticas y su mejor forma de aplicación. Me resulta curioso hacer una revisión y conocer de dónde venimos y cómo eran las texturas cosméticas en los inicios. ¿Comenzamos?

En 1885, Gertrudis Baones, una visionaria mujer española, creó en Gijón Visnú, fórmula en suspensión que aclaraba y mejoraba el aspecto de la piel. Por aquel entonces, las damas preferían las pieles blancas y sin exceso de brillos.

En 1924 llegó la Cold Cream, untuosa y rica en aceites y lanolina. Y en 1925, desde Alemania, surgía la Crema Nivea caja Azul.

Hasta mediados de los 60, no surgieron grandes novedades en nuestro país, introduciéndose con gran éxito la marca que llamaba a nuestras puertas. Ahí comenzamos a saber que no era lo mismo la crema de noche que la de día.

Fue a mediados de los 70 cuando comenzamos a hablar de otro tipo de texturas: las emulsiones. Además, éstas podían ser O/W (aceite en agua, más untuosas) o W/O, más fluida, siendo su base agua en aceite.

A principio de los 80 llegaron los serum,  y en los 90, el Gel Cream o Cremagel, siempre consiguiendo tactos más sedosos y texturas más evanescentes y sutiles. Por fin, en 2016, recibimos con todos los honores lo más sofisticado y sensual en texturas gourmet de la mano de Montibello y su Serum-in-Cream.

Esta nueva textura es una verdadera caricia que invita a ser deslizada por la piel con una buena técnica.  Estas caricias se convierten en un auténtico auto-masaje, de ahí que requieran nuevas formas de aplicación. Por ello, no voy a terminar el post sin aconsejar realizar un auto masaje que potencie con coherencia estas exclusivas formulas cosméticas:

la mejor fórmula cosmética multiplicará sus efectos si llega a la piel por medio de un buen masaje y el éste despierta las neuronas por medio del “tacto”. El tacto, a su vez, estimula las endorfinas y éstas actúan como mensajeros, desencadenando sustancias propias e intransferibles que, por medio de la grata sensación del masaje, reflejan en la piel los efectos de la felicidad: luminosidad, buen tono y mirada brillante.

Sólo me queda agradecer y felicitar a Montibello por su línea ARÛDE y su exclusiva fórmula Serum-in- Cream.

 
 
 

 Con la colaboración de la Consuelo Silveira

Directora de la Escuela Consuelo Silveira Estética Profesional

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